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  • Augusto Salvatto

La felicidad: Gran ausente en la narrativa política y organizacional

La declaración de independencia de los Estados Unidos habla de la búsqueda de la felicidad como un derecho inalienable.


En la narrativa y los discursos políticos argentinos, este concepto brilla por su ausencia. A veces hablamos de amor, sólo para decir que los de enfrente odian. Otras veces hablamos de los tiempos felices del pasado, como si la felicidad no fuera una construcción permanente. Un camino. Una meta que está en el futuro.



En el sector privado la ven un poco más porque leen autores tipo Tim Ferriss (🤷‍♂️), pero hasta por ahí nomas. La narrativa de la productividad se come a todas las otras.


Un estudio desarrollado por la Universidad de Harvard desde 1938 sugiere que no es la fama ni la riqueza lo que genera felicidad – ¡Qué cliché!, falta Will Smith dando un discurso con música emocionante de fondo – sino los lazos y las relaciones de confianza. Eso explica algunas cosas…


Pero ¿por qué es importante hablar de felicidad?


Para el que conciba la política pura y exclusivamente en su dimensión rosquera y transaccional, la pregunta es improcedente. Más que improcedente, un poco boluda.


Si en el siglo XX el poder de los Estados estaba condicionado por recursos materiales – geografía, recursos naturales, población, industrias – en el siglo XXI cada vez más es el talento y el conocimiento lo que influye en el poder de los países y las ciudades. Y el talento, como las putas mosquitas de la fruta, crece en ambientes donde puede reproducirse.


Para las Naciones Unidas, las ciudades del futuro son verdes, sostenibles, circulares, conectadas y buscan que sus ciudadanos sean felices

Los ecosistemas que atraen el talento son aquellos que logran generar las condiciones para explotar la creatividad y el conocimiento. ¿Dónde creen que puedo ser más creativo? ¿Mientras calculo donde va a abrir la puerta del subte para entrar antes que el tarado que me está empujando? ¿O mientras doy un paseo en el bosque?


Para las Naciones Unidas, las ciudades del futuro son verdes, sostenibles, circulares, conectadas y buscan que sus ciudadanos sean felices. Parte de atraer ese talento y de no expulsarlo es generar las condiciones para que sean felices. Algo de lo que hablamos poco en política. Hoy la clave no está tanto en atraer a una gran empresa sino en atraer personas, y esas personas están movidas por la búsqueda de la felicidad y el bienestar físico y emocional, cada vez más. Esto implica una gran oportunidad para las ciudades intermedias.


Escribo esta columna desde Casa Oxalis en Pinamar. Es un martes de febrero, estoy a una cuadra de la playa tomando un cappuccino con canela y cacao y lo acompaño con algo que no sé pronunciar, pero está decorado con flores comestibles. De fondo hay una versión instrumental de la vie en rose.


Capaz es el marco que me obligó a escribir esto. Abrí Infobae y ví que se están tirando emigrantes por la cabeza. Lo cerré. Que se maten.

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