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  • Augusto Salvatto

El marketing y la degradación de la política



Se vienen las elecciones y el abuso del marketing político puede seguir jugándole malas pasadas a la política argentina. La política es rebeldía. El marketing es conservadurismo.


Llegó la temporada electoral. Si, otra vez. El paréntesis de la historia que significó la pandemia de los 15 días más larga de nuestras vidas inicia un nuevo capítulo que no promete demasiado.


Cada elección trae consigo promesas renovadas y nombres fresquitos, especulaciones, fotos con mucha edición para que todos los candidatos parezcan lindos, altos y buenos, y otras con muy poca edición para que parezcan cercanos y normales. Un clásico.


Esto no es una crítica al marketing. No, no estoy imitando a Magritte. Posta que no es una crítica al marketing

Nunca nos deshacemos del márketing político porque campaña permanente y coso, pero en esta época es dónde más se siente. “Ojo, no digas esto”, “esto decilo así”. “No! Sacate esa corbata que es demasiado formal”, “habla despacito”, “cita un tweet de esta cuenta”, “sacate una foto con pibes atrás para que parezca que te banca la juventud”… lo de siempre. Y prepárense para llorar, de risa y de cringe, porque se viene con toda TikTok. Después no digan que no les avisamos.


Esto no es una crítica al marketing. No, no estoy imitando a Magritte. Posta que no es una crítica al marketing. Es una crítica al fundamentalismo marketinero.


Cada cosa en su lugar


El marketing es el conjunto de prácticas y principios que tienen como objetivo principal aumentar el comercio, especialmente la demanda. O al menos eso dice Wikipedia citando Philip Kotler. Debe haber mil definiciones más, pero meh.



Como parece obvio, el marketing nace en el mundo empresarial para aumentar la demanda, vender más y todos contentos. Pero para lograr eso, tenemos que saber que corno quiere el público-consumidor. Dicho más académicamente, estudios de mercado, encuestas, focus groups, van a servir para indicarnos qué decir y cómo vender un producto.


Hasta acá, buenísimo. Pero cuando el producto se vuelve el candidato y el votante el consumidor, empieza a surgir algún que otro problema.


Cuando la política corre atrás de las encuestas, puede ser muy buena ganando elecciones, pero se olvida de su fase principal: la de identificar rumbos, articular demandas y generar consensos sociales para conducir al grupo social hacia un objetivo determinado.


Cuando la política corre atrás de las encuestas, puede ser muy buena ganando elecciones, pero se olvida de su fase principal

- “Uf, no digas conducir que suena a los 50s”.


El marketing ha traído innovaciones muy interesantes y valorables al juego electoral, que levantan la vara de la política y no al revés. Pero si la política queda degradada al mero acto de ganar elecciones, renuncia a su verdadero objetivo.


LA POLÍTICA con mayúsculas.


La política es la actividad transformadora de la realidad por excelencia. Y transformar la realidad se trata de rebeldía, de traer nuevos temas en agenda, de nadar contra corriente. Si San Martín hacía una encuesta se iba a su casa. Si De Gaulle hacia un focus se iba con Petain fumarse a los nazis.


Hacer política es ser rebelde. Abusar del marketing es ser profundamente conservador.

“¿Qué le preocupa a la gente? Inflación, seguridad, salud. Venga, hablemos de eso”. Uno de los múltiples motivos por los que lo políticamente incorrecto está en auge es porque nadie se cree el discurso que sale en el focus, salvo el que hace el focus.


Si creemos que hay que hablar de futuro, de ciencia, de tecnología, o de innovación, eso mismo tenemos que hacer. Y estar dispuestos a perder por hacerlo. Y así con cualquier otro tema. De lo contrario, es la propia victoria nos condena al fracaso.


Hacer política es ser rebelde. Abusar del marketing es ser profundamente conservador. Y los tiempos que corren demandan rebeldía, no conservadurismo.


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