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  • Augusto Salvatto

El Frente de Nada: De revolucionarios a conservadores.

El gobierno que se ufanaba de ser el espacio de “todos” pasó rápidamente a convertirse en el Frente de Nada. La nada misma como política de Estado.


De conservadores a revolucionarios.


La retórica del kirchnerismo siempre tuvo un tinte revolucionario, setentista, rebelde. Hijo no reconocido del primer FREPASO antimenemista y la cultura piquetera post 2001, buscaba recuperar la épica de unos 70s en los que en su gran mayoría fue un actor secundario marginal.


“Miren lo que hago, y no lo que digo”, solía decirle Néstor a los factores de poder que decía combatir. Y es que, en la Argentina post colapso canalizar e institucionalizar el enojo y la efervescencia callejera era una tarea tan compleja como necesaria.


Ese primer kirchnerismo de superávit gemelos y recuperación económica, podría definirse como un movimiento políticamente conservador y discursivamente revolucionario. Para muchos, inofensivo. Para casi todos, necesario.


Pero a medida que los superávits gemelos se iban acabando, la inflación volvía a ser el problema crónico de Argentina y la política recaudatoria de Estado era cada vez más evidente, el conservadurismo político kirchnerista entró en retirada y sólo dejó una épica rebelde vacía.


Ese primer kirchnerismo de superávit gemelos y recuperación económica, podría definirse como un movimiento políticamente conservador y discursivamente revolucionario

Un espíritu callejero y popular que desde los balcones de Puerto Madero se proyectaba sobre un conurbano cada vez más pobre y olvidado, donde los sueños de movilidad social ascendente habían caído víctimas del estallido de 2001.



De revolucionarios a conservadores


Pero si con la revolución no alcanza y con la revolución sola no se puede, en un último manotazo de ahogado por su supervivencia, el kirchnerismo identificó la necesidad de volver a los años dorados de la mano de uno de sus protagonistas: Alberto Fernández.


La única lógica actual del kirchnerismo en el poder ya no es defender a los desposeídos, garantizar derechos, o ir contra los poderes concentrados, sino simplemente conservarse a sí mismo.

Pero en este caso, uno más uno da cero. Y es que, después de tantos años de anunciarla, muchos miembros de la revolución de fantasía se creyeron lo que decían. Al “Miren lo que hago, no lo que digo” lo malinterpretaron, y lo cambiaron por un “No veo lo que haces, y me creo lo que decís”.


De revolucionarios a profundamente conservadores de su propio poder. La única lógica actual del kirchnerismo en el poder ya no es defender a los desposeídos, garantizar derechos, o ir contra los poderes concentrados, sino simplemente conservarse a sí mismo. Reproducirse y mantenerse. Llegar al 2023 sin ser víctima del mismo estallido que los vió nacer.


El Frente de Nada


Sin ideas, sin plan económico, sin comunicación y ahora casi sin campaña, reemplazando a los candidatos por un enorme “Si”, la calle recurre al marketing para seguir viva. Al marketing y al clientelismo explícito y a cielo abierto. Conservadores. Sobrevivientes.


La revolución de fantasía contra los grandes poderes se encuentra a sí misma pidiendo por redes sociales que la gente compre Marolio

En dos años de gobierno no se vió absolutamente nada más que una tímida épica sanitaria con funcionarios aplaudiendo aviones en aeropuertos cerrados. En las tertulias con cada vez menos rating se habla de lo mismo hace casi dos años: “¿Quién gobierna?”




La derrota en la Provincia de Buenos Aires frente a una oposición con más internas que el Frente de Izquierda es un síntoma más de la nada. Y ahora, tras la promesa albertista incumplida, vuelven los viejos protagonistas con las mismas recetas que llevaron a la derrota del 15.


La revolución de fantasía contra los grandes poderes se encuentra a sí misma pidiendo por redes sociales que la gente compre Marolio, quizás para condimentar una política con sabor a nada.

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