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  • Augusto Salvatto

Celsius 237.8: Las aulas no queman

Según el Presidente, abrir las aulas es jugar con fuego. Pero la tragedia educativa que atraviesa Argentina ya nos está quemando. Especialmente a los más vulnerables.



En una semana en la que se habló tanto de plagio, empiezo admitiendo que la idea del título no fue mía, sino de alguien que, en un acto de extrema solidaridad intelectual, me liberó las patentes del concepto (Para vos, Pfizer).


Se ve que eso de cuidar la palabra del Presidente duró menos que murciélago chino.

Después de una semana de fase 1 en el diario de Yrigoyen oficial, el albertismo por nacer vuelve a la carga contra los distritos que permiten a los intercambiadores seriales de barbijos volver a las aulas. Lo desmutearon a Alberto y aquí tenemos otra vez material para escribir. Se ve que eso de cuidar la palabra del Presidente duró menos que murciélago chino.


Gobernar es educar


Como casi todo en Argentina, la presencialidad en las aulas se transformó en un River – Boca, entre asesinos y embrutecedores. Pero si seguimos con esta lógica absurda cada vez más partidos se van a jugar en Madrid. Vamos a los números.


El 65% de los chicos que hoy están en la escuela primaria van a trabajar en empleos que aún no conocemos, dice el Banco Mundial. Es decir, así como hoy mucha gente que nació algunos años antes de que haya redes sociales, hoy vive de administrarlas, hay cientos de empleos del futuro por crear. La pregunta es, ¿cómo vamos a preparar a nuestros niños para esos empleos que se vienen si ni siquiera van al colegio?


El 65% de los chicos que hoy están en la escuela primaria van a trabajar en empleos que aún no conocemos, dice el Banco Mundial.

En el mundo la discusión pública alrededor de la educación pasa por el rol de la tecnología en el aula, la interacción alumno-docente y los contenidos para formar en habilidades del futuro. En Argentina…bueno, por lo menos tenemos la Copa América. Ah, ¿no? … uh.


El Zoom no es una clase


Quien suscribe es un fiel defensor e implementador de la virtualidad educativa “antes que estuviera de moda”. O, mejor dicho, antes de que la pandemia le pegara un cachetazo a los que todavía se resistían a la idea de que alguien diera clases online desde España a alumnos en Buenos Aires.


Pero los extremos siempre son malos. Una cosa es tener un curso online en la universidad y otra es que niños de la educación primaria y secundaria estén un año y medio sin pisar un aula. Como siempre, vamos a los números.


El 11,4% de los hogares del conurbano sufrió deserción escolar y solo 1 de cada 3 hogares tiene buena conectividad.

Una encuesta realizada por el neoliberal y cipayo Movimiento Evita, indicó que el 11,4% de los hogares del conurbano sufrió deserción escolar. Y que, en esa misma área geográfica, solo 1 de cada 3 hogares tiene buena conectividad como para realizar tareas y clases virtuales. Además, el 63.5% de esos niños tiene que compartir el dispositivo de conexión a internet con otro miembro del hogar.



Parece obvio a esta altura, pero más allá de la necesaria socialización, más allá de la salud mental, y más allá de las necesidades sociales que satisface un niño en la escuela, la calidad educativa cayó considerablemente. ¿Qué va a pasar con todos esos chicos que dejaron el colegio? ¿Cómo van a insertarse en el ámbito laboral del futuro?


Quizás tendríamos que estar discutiendo esto, en vez de levantando el dedo acusador contra la presencialidad educativa. Las aulas no queman.

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