• Augusto Salvatto

Argentina, 1985: 3 lecciones de liderazgo político para 2022.

Fui a ver Argentina, 1985 en Madrid. Paradójicamente a unos kilómetros del Palacio del Prado, donde vivió sus últimos días Francisco Franco. Gobernando, claro.


Hay tres puntos que levanta la película que son claves para nuestra realidad política actual y que operan casi como elementos en un manual de liderazgo: (1) los héroes no existen, (2) no es la política, es la sociedad y (3) la renovación es imprescindible.


La película me gustó mucho. Me pareció ágil, divertida, profunda y llevadera, pero por sobre todas las cosas me resultó necesaria. Y me da la sensación de que llega en el momento justo para enseñarnos (o mejor dicho, re-enseñarnos) muchas cosas que hoy necesitamos.


La película me gustó mucho. Me pareció ágil, divertida, profunda y llevadera, pero por sobre todas las cosas me resultó necesaria. Y me da la sensación de que llega en el momento justo para enseñarnos (o mejor dicho, re-enseñarnos) muchas cosas que hoy necesitamos. Destaco principalmente dos.


Los héroes no existen, Silvia


Toda la película ronda en torno a la heroica investigación llevada a cabo por el fiscal Strassera y su jóven equipo, del que ya hablaremos. Una posible tentación de un guión así sería caer en la adulación del personaje principal. La argentinada clásica de que va a venir el mesías a salvarnos. Spoiler: no lo hace.


Promediando la película, Strassera y su esposa Silvia (Alejandra Flechner) están charlando en el balcón. Ella le dice que está orgullosa de él, y que no puede creer que la gente en la calle le diga que está casada con un héroe nacional. A lo que un Darín estupendo responde: Los héroes no existen, Silvia.


Durante todo el film Strassera se nos presenta con todas sus virtudes y todos sus miedos. Como un tipo común al que la vida lo puso en una circunstancia extraordinaria. Y estuvo a la altura. Nada más y nada menos. Un verdadero líder transformador. Alguien que no se desespera por obtener protagonismo. Es generoso con sus equipos (frente a la prensa levanta la figura de Moreno Ocampo permanentemente en lugar de la suya), es altamente sobrio y tiene un profundo sentido del deber.


En otra de las escenas, discutiendo sobre las amenazas que recibía dice algo así como "Si yo no estoy va a venir otro, pero esto no lo van a poder parar". Un mensaje soberbio para una época donde la mayoría de los dirigentes se creen indispensables. Nadie lo es.




No es la política, estúpido.


Todo es política. Sí. Evidentemente esta película versa sobre un tema político. Y sin embargo, al mismo tiempo, quita del medio a la política partidaria para concentrarse en el proceso social.


Para este guión la importancia no está puesta en la decisión política sino más bien en el proceso de transformación social.

Para este guión (creo que acertadamente), la importancia no está puesta en la decisión política de enjuiciar a las Juntas, sino más bien en el proceso de transformación social (especialmente de la clase media) que se va generando y que está representado por la madre del fiscal adjunto Luis Moreno Ocampo. No importa tanto lo que decida la política, que por momentos titubea o duda (En la figura del Ministro del Interior Antonio Tróccoli), sino lo que las personas (el soberano, en definitiva) sientan. El cambio es de abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo.


La película, de hecho, ni siquiera muestra a Raúl Alfonsín, a quien se lo aborda muy poco y de costado. Creo, humildemente, que sería un gran error de interpretación de la UCR llevar agua para su molino de esta película. Lo explícito es vulgar. Los grandes estadistas no buscan quedar en la historia. Sencillamente la historia tiene un lugar para ellos.


Renovar la política para salvar la democracia


El tercer punto tiene que ver con el equipazo que construyen Strassera y Moreno Ocampo. Un verdadero dream team que combina lo mejor de la experiencia con lo mejor de la juventud. La sobriedad y el entendimiento con la frescura y las ganas de transformar. La especie de casting que llevan adelante para elegir a Los Chicos de Strassera es un punto altísimo de la película. No sólo porque es divertido, sino porque revela que en momentos de grandes transformaciones se necesitan personas dispuestas a hacer las cosas de una forma diferente.


Revela también que la innovación y la capacidad no son stocks, sino flujos. El CV no importa tanto como el propósito y las competencias cuando se trata de los grandes momentos históricos.


En tiempos donde más del 70% de los argentinos no confía en sus políticos, renovar la política es imprescindible para cambiar la democracia. Pero ojo. Renovar no quiere decir hacer un casting para incorporar caras nuevas, jóvenes, lindas bajo el liderazgo de los de siempre. En algún momento de la escena parece el casting se lo hacen los candidatos a Strassera y no al revés. Renovar de verdad es incorporar nuevas ideas, nuevas formas, animarse a hacer las cosas distinto. Algo que, por ahora, brilla por su ausencia en la política argentina. Quizás de las más conservadoras de América Latina.


Para cerrar con un dato anecdótico, debo decir que conseguir las entradas fue toda una peripecia. Casi todos los horarios estaban agotados menos el último. La película empezó puntual, sobre las 22hs, lo que me resultó por demás molesto, acostumbrado a tener esos 15 minutos de publicidad y trailers que le permiten a uno demorarse comprando pochoclos. Pochoclos que, por cierto, sólo venden en su versión salada. ¿A quién se le ocurre?


A juzgar por los comentarios por lo bajo indicando la ubicación de algunas locaciones y las risas por las referencias a Bernardo Neustadt o Titanes en el Ring, en la sala había bastantes argentinos. Me alegra.







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